Rincon de la Familia

El Mejor Regalo que Puedo dar a mis Hijos

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Hace unas noches estaba leyéndole una historia a mi hija Gabrielita (Gaby) antes de dormir. Estos son momentos tan preciosos que quisiera muchas veces congelar el tiempo para que duren un poco más.

Con mi hija hemos desarrollado una rutina divertida, y antes de dormir me pide que le cuente una historia de la vida real de algo que me pasó tiempo atrás.

El otro día me dijo: “Papi cuéntame una historia de cuando eras chico de los tiempos viejos”. Yo le dije que ya le había contado ya todas las historias que me habían pasado y que no me acordaba de más, a lo que ella espontáneamente respondió: “Pero papi, tú ya has vivido por muuucho tiempo, debes tener más historias”, lo que nos causó mucha risa a mí y a mi esposa.

Nuestra rutina continúa y después de que le leo un cuento y le cuento una historia hacemos una breve oración y le doy una bendición a veces cantándole una canción de cuna y siempre le digo frases "como te quiero mucho mi chiquitita", o "te amo muchísimo", a lo que ella responde "te amo mucho también papá" y se duerme con una sonrisa entre oreja y oreja; entre besos, cariñitos y abrazos.

Realmente me siento tan bendecido de poder darle a mi hijita estos momentos tan preciosos, y criarla en un ambiente de mucho amor y pensaba que es justamente ese el mejor regalo que le podría dar. Un hogar lleno de amor, estabilidad, tiempo y un modelo de papa, de esposo en un hogar donde Dios esté presente y sea el centro.

Hoy en Día, las estadísticas nos dicen que lamentablemente esa no será la realidad para mas de la mitad de los niños, que crecerán sin un padre en su hogar.

Dicen los estudios que los hijos sin un padre presente, tienen un riesgo considerablemente mayor de abuso de drogas y alcohol, enfermedades mentales, suicidios, malos resultados escolares, el embarazo adolescente, y la criminalidad. (Departamento de Salud y Servicios Humanos, de USA)

En una sociedad donde más de la mitad de los matrimonios terminan en divorcios es de mucha urgencia que examinemos nuestras prioridades y comencemos a trabajar en nuestros hábitos para que nos lleven a salvar nuestras familias y poder darles a nuestros hijos un hogar estable, lleno de amor, paz, alegrías y fe en Dios.

Yo creo que dentro de nuestro corazón la mayoría de los padres queremos lo mejor para nuestros hijos, pero en un mundo lleno de tantos desvíos, distracciones y tentaciones, muy pocos estamos dispuestos a renunciar a nosotros mismos y sacrificarnos para darles a ellos lo que necesitan.

Así mismo a veces tenemos la idea de que vamos a trabajar muy duro para “darles a ellos lo que no tuvimos” pero; ¿De qué sirve ganar el mundo si pierdes tu alma en el proceso? ¿De qué te sirve trabajar tanto si nunca podrás estar con ellos y estás poniendo en riesgo tu matrimonio y tu familia?

Yo estoy convencido que lo que necesitamos como padres, es tener prioridades claras y un balance. Darle una tercera parte de nuestro tiempo a Dios, una tercera parte a la familia y una tercera parte al trabajo en ese orden.

Ese balance es mas fácil mantenerlo cuando ambos padres están presentes en el hogar. En mi caso por ejemplo mi esposa y yo tomamos la decisión de que uno de los dos iba a estar con ellos entonces a mi me toca trabajar fuera del hogar para conseguir el sustento mientras que a ella le toca trabajar dentro, en la labor más importante la crianza de nuestros hijos.

Aun así con dos trabajos y un negocio, hago lo imposible para estar con mis hijos en sus momentos de triunfos, sus partidos de futbol o conciertos de la escuela, o hacer tiempo para llevarlos a comer o al cine y que se sientan especiales, amados y valorados.

Eso significa que tal vez no veré mucha televisión, que después de un día de mucho trabajo en vez de acostarme compartiré un momento con ellos en otras palabras;significa renuncia a sí mismo y sacrificio.

Pero cuando estoy acostado y miro a mi hijita dormirse con una sonrisa de oreja a oreja y vivir llena de alegría y entusiasmo pienso que vale la pena y que el mejor regalo que le puedo dar a mis hijos no es dinero sino justamente eso; mi amor, tiempo, cariño y fe en Dios.