Sin lugar a dudas

Las galletitas navideñas de mi mamá

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A mi mamá le encantaba la Navidad. Cada año se le apresuraba el paso y le llegaba el espíritu, navideño creando muchas actividades en la pequeña casa donde vivíamos.

Por ejemplo después que mi papá murió, el que asumió la responsabilidad de colocar las luces, era yo. Esas luces grandes que colocábamos antes. Recuerdo claramente cuando me subía en la escalera a colocar las luces, yo escuchaba a mi mamá cantar muy suavemente, “está comenzando a ser la Navidad.” Eso sucedía todos los años.

A mi mamá le encantaba hacerles tarjetas navideñas a toda la familia, a los amigos y vecinos especialmente a los amigos que casi no veía. A ella también le encantaba recibir tarjetas de ellos.

Y por muchos años fielmente colocaba un billete de $5.00 para cada sobrino y sobrina aun después que se hicieron adultos. Hasta que un día yo le sugerí que aumentara la cantidad a $10.00, me miró como si yo hubieran matado a Santa Claus. ¡Sus tarjetas de navidad solo iban a llevar $5.00 y punto!

Pero más que todo lo que ella le encantaba era poder hacer sus galletas de navidad, un evento que llenaba la cocina y parte del comedor por lo menos un par de semanas antes del feriado. Yo pienso que lo máximo que hacia eran 200 docenas de galletitas. Sus galletas tradicionales incluían las rusas, para el té, thumbprints, spritzes, y las de jengibre (cada una envuelta individualmente) su especialidad eran las delgaditas enrolladas porque eran las preferidas de mi papá-por eso las hacia al estilo antiguo, con cortadores de galletitas en diferente estilo.

Después mi mamá las ponía muy cuidadosamente en bandejas las tapaba bien, les ponía un moño y se les llevaba a sus amistades y vecinos.

Allí era donde yo me metía en problemas.

Un año, cuando estaba viviendo en mi pueblito de Youngstown, me fui a mi casa por una semana a visitar a mi mamá antes de la Navidad y ella me pidió que llevara unas galletas a unos vecinos que vivían cerca de la casa. Yo muy contento accedí.

Entonces, tomé la bandeja, la puse debajo de mi brazo como si fuera un jugador de pelota y salí. “Espera”, dijo ella, “Llévalas arriba porque las vas a romper”. Entonces, dije algo que hasta el día de hoy me arrepiento: “No importa, solo son galletas”. Entonces me dijo: “A mi si me importa porque esas galletas yo las hice y me siento muy orgullosa de haberlas hecho. ¡Llévalas con cuidado!

¡Allí está! ¡Así es como una madre corrige a un Obispo de cincuenta años, lo baja de su pedestal y lo pone en su lugar!

En la época de Navidad todavía extraño mi casa y a mi mamá. (A mi papá también pero esa es otra historia) extraño cuando ella cantaba mientras yo colocaba las luces, las tarjetas que enviaba y recibía, sus pequeñas costumbres…y sus galletas.

No sé, tal vez seré yo pero siento que la navidad ha cambiado, ya no se siente mágica ni cómoda como era antes. Los recuerdos de ayer están muy lejos de lo que hoy es en realidad. (Yo no sé cómo-las familias jóvenes de hoy van hacer para mantener las tradiciones para que sus hijos las vivan en un futuro)

Sin embargo las palabras de mi mamá ese día cuando me mandó a llevar las galletas, todavía están en mi memoria y pienso que se resumen perfectamente en el sentido de la Navidad: En este día nuestro Padre nos ve, sus hijos rebeldes, imperfectos y confundidos, nos cobija gentilmente y nos dice con ilusión: “Ellos son importantes para mí; yo los hice y quiero sentirme orgulloso de ellos”.

Por eso nuestro Padre celestial envió a su amado hijo al mundo- porque nos ama y se preocupa por nosotros-por cada uno de nosotros; Los Cristianos, Judíos, Musulmanes y ateo; los negros, blancos y de piel morena; los ciudadanos, los inmigrantes y refugiados; los demócratas y republicanos, conservadores y liberales; los que son y no son homosexuales y los trangeneros; los que no tienen hogar, los que no tienen empleo, los encarcelados, abusados y adictos. Y precisamente porque Él quiere sentirse orgulloso de nosotros, Él nos llama a que seamos buenos y que hagamos el bien, que dejemos atrás nuestros pecados y divisiones, para algún día poder estar con Él a su lado en el cielo.

Y lo que se dice de toda la familia humana, se puede decir de usted personalmente querido lector. ¡Dios lo ama! ¡Él se preocupa por usted, se preocupa cómo le va. Él lo acompaña todos los días en los momentos de alegría y de tristeza, en las victorias y en las derrotas, en triunfos y fracasos, en la salud y la enfermedad, en la vida y en la muerte. No debe sorprendernos la providencia de Dios. Después de todo recuerden que Jesús es Emanuel, que quiere decir, “Dios con nosotros”.

Mientras celebramos la Navidad este año en este mundo tan turbulento, y nuestra nación tan dividida sabemos que nuestra iglesia está desafiada. Es muy desalentador y algunas veces me pregunto si Dios se siente decepcionado de nosotros. Si a Él le gustaría empezar de Nuevo.

La verdad es que Dios no se ha dado por vencido en el experimento humano. Cada año para Navidad, Dios nos dice una vez más: “Me importas mucho; yo te hice y estoy seguro que puedes hacer algo mejor. Por eso envié a mi Hijo para que te ayudara”.

Entonces, gracias mamá por los recuerdos que guardo de la navidad. Gracias por ponerme en mi lugar porque eso me ayudó a comprender el sentido de la Navidad.

¡Una santa y feliz Navidad para todos!